Ser madre monoparental es una de las experiencias más intensas, transformadoras y, a veces, solitarias que una puede vivir. No se trata solo de criar, sino de sostener. Y no hablo solo de la economía, sino de la casa, las emociones, las decisiones y los silencios.

Hay días en los que me encantaría tener una capa. No para volar (aunque no estaría mal), sino para abrazarme fuerte en silencio, respirar profundo y seguir caminando como mamá, mujer, trabajadora, hija, cuidadora y tribu… todo en una.

Ser madre sola no es para blanditas

Mi hija está por cumplir 11 años. Esa edad donde ya no es tan niña, pero tampoco adolescente. Me dice “no me entiendes”, cierra la puerta con suavidad (por ahora) y revuelca los ojos como si todo le pareciera un drama. Pero luego, en el mismo día, se acurruca conmigo como cuando tenía cinco años. Porque aún me necesita, aunque a veces lo niegue.

Y ahí estoy yo: conteniendo, soltando, inventando juegos, negociando con las pantallas y cocinando juntas para estirar el momento. Hay días en que gana la tablet. Y está bien. Porque no se trata de criar perfecto, sino de hacerlo con amor y presencia. De hacerlo lo mejor posible.

Claro que cuando me dice:
—»Mamá, tú también estás todo el rato con el móvil.»
me golpea con la verdad. Y sí, también me escapo al baño a mirar el móvil a escondidas. Porque ser madre también es sobrevivir, y predicar con el ejemplo no siempre es fácil.

Puente de londres con Telma

Cuando la carga pesa… nace Minimono Travel

A veces siento que no doy más. Entre las emociones de mi hija, el cuidado de mi madre con Alzheimer, una mudanza inminente y un trabajo que paga las cuentas, pero no me llena el alma… la mochila se vuelve pesada.

Y ahí, cuando me falta el aire, pienso en este proyecto que me devuelve el brillo: Minimono Travel.

Una comunidad pensada por y para familias monoparentales. Un espacio donde las madres (y padres) que crían en solitario puedan vivir experiencias que nutran, sanen y reconecten. Donde haya risas, pausas, abrazos y aventuras compartidas. Momentos en los que podamos recordar que no estamos solas.

👉 ¿Sabes por qué viajar acompañadas puede marcar la diferencia? Descúbrelo en nuestro artículo:
Viajar en tribu: beneficios para familias monoparentales
Y si te ilusiona la idea de una escapada con otras familias como la tuya, revisa nuestros viajes programados para familias monoparentales.

No tengo capa, pero…

Me la pongo invisible cada día. Cuando improviso una cena con lo que hay. Cuando gestiono las emociones de mi hija sin soltar las mías. Cuando respiro profundo para no gritar. Cuando me abrazo en medio del caos.

Y si hoy estás en ese mismo punto —entre fuerte y agotada, entre amorosa y saturada—, quiero decirte esto:

Te abrazo desde aquí.
No estás sola.

Haz más de eso que te hace feliz.
Aunque sea por ratitos.
Aunque sea desde el baño.
Aunque toque llorar un poco antes de reír.